Los tigres son gatos grandes, día 46


Kanchanaburi 3 de marzo 2013, día 46

La segunda semana en Tailandia fue bastante movida e interesante.

Para comenzar fuimos al famoso templo de los tigres, que nos recomendaron unos argentinos en Sri Lanka y al que por supuesto quisimos incluir en el viaje, ya que hemos visto una gran cantidad de animales hasta el momento: elefantes, micos de varios tipos, lagartijas e iguanas, ballenas, delfines, ciervos, murciélagos gigantes (Petia y Juan los vieron mientras yo dormía en el bus) y varios insectos y aves que no sabría nombrar.

El sitio está bastante organizado y fue muy fácil llegar. La historia dice que los monjes budistas reciben y dan cuidado a animales y personas, y que en una ocasión alguien llevo a un pequeño tigre huérfano al que cuidaron pero que no regresó a su hábitat. Luego llegaron más y más tigres y ahora tienen como 100, muchos de ellos hijos de los mismos tigres que habían recibido. No sólo tienen tigres, ya que cuida, ciervos, osos, vacas, bueyes y otros animales.
La existencia misma de esa práctica de tener animales en cautiverio por los monjes es muy controvertida, ya que son animales salvajes que usualmente se prefiere tener en sus hábitats naturales o zoológicos. Y más controvertido aún es el hecho de que a los visitantes se les ofrece tomarse fotos y pasear junto a los tigres, lo cual me pareció una muy interesante y bonita experiencia, por no decir emocionante al saber que si el tigre se cansa de hacer la siesta y le da antojo se lo manda a uno en un segundo. De todos modos me dio por rascar a uno a ver si se daba cuenta y me pego tremendo coletazo, que dolió y me manchó la camiseta porque a los tigres los monjes les echan agua porque hace mucho calor.

Lo que no me gustó tanto es que no hay tantos monjes como parece a cargo de los tigres, y que casi todo el trabajo es hecho por voluntarios que vienen de varias partes del mundo. El jefe de todo parecía ser un gringo de esos que hablan bastante alto y les gusta dar muchas órdenes y mostrar que son los duros del paseo. Uno de los guías hablaba con un acento de alguien que viene de algún país de habla hispana, y resultó que el chico de la escarapela que dice “dani” era Colombiano de Quindio, muy buenagente y recién llegado, nos contó que había bastante trabajo que hacer para tener a los tigres contentos y limpios, y que los trataban bastante bien.

A mí me pareció que simplemente es otro tipo de zoológico donde se puede tener una interacción más directa con los animales, que claramente están domesticados hasta donde se puede por la genética, ya que desde pequeños los acostumbran a estar cerca a los humanos y no se estresan para nada por la presencia de los visitantes. De todos modos no soy muy fanático de los zoológicos, este es hasta mejor.

Por cierto, los tigres no son más que gatos muy grandes ya que se comportan exactamente igual, se echan a dormir y juegan y hacen las mismas cosas que un gato. La gran diferencia es que al ser tan grandes ya el tierno instinto asesino de los gatos se vuelve algo muy peligroso. Ver esto me confirmó que los gatos solo nos usan para sus propios planes y beneficio y planean todo el tiempo como asesinarnos, pero no son muy creativos. 

La pasamos muy bien y eso de caminar con tigres se quedará por siempre como una gran experiencia, de allí volvimos a Bangkok a tomar en bus para ir Phuket en el sur.

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