La vacuna, día 5


Colombo, Enero 22 de 2013, día 5

Una de las cosas interesantes de venir a Sri Lanka ha sido que es un país muy diverso en varias cosas incluyendo la religión. Hay hinduistas, católicos, musulmanes y buddhistas… todos sus templos están aquí y allá y al parecer no hay problemas entre ellos. Los templos hindúes son los que más me han llamado la atención desde afuera, son como unas montañas llenas de una maraña de figuras y se alzan bastante alto, son de colores aunque algunos muy viejos son ya grises de lo sucios, los tengo que visitar!

Algo que también me ha llamado la atención es darme cuenta que no me gusta tanto la comida picante, siempre pensé que me gustaba un montón pero aquí he visto que soy una nena para el picante y me toca comer muy despacio.

El dueño de la casa que alquilamos nos averiguó cómo hacer para la vacuna de fiebre amarilla, y fue tan amable de acompañarnos hasta el hospital y todo!. El viaje en bus fue muy divertido porque quedaba muy lejos y vi como siempre muchas cosas curiosas, además de los templos y personajes curiosos: un aviso de Google con la primera “o” reemplazada por el logo de Apple, un señor llevando muchas gallinas colgadas de las patas, un vendedor de lotería limpiando los billetes con una escobita, un puesto de venta en forma de pingüino, gente viendo televisión afuera de una tienda de electrodomésticos y un local de Singer pero no para vender máquinas de coser sino electrodomésticos en general y para prestar dinero.

Llegamos al hospital privado y entrar fue como cambiar del día a la noche: todo estaba impecable, no había polvo ni ruido, era amplio, blanco por todas partes y en general daba una impresión de bienestar y confort. Preguntamos por la vacuna y diligentemente nos cobraron para la cita, creo que nos atendieron primero que a la gente de allá porque no esperamos ni un minuto y había otra gente sentada. 

La doctora se me hizo rara porque vestía su ropa tradicional de trapitos y no la bata que uno asocia a los doctores, le mostramos por escrito lo que necesitábamos y nos dijo inmediatamente que allá no tenían esa vacuna, y empezó a dar un montón de direcciones así que medio paniquiados, fuimos a buscar a nuestro interprete, que no encontramos y al regresar entró creemos guiado por sus coterráneos. El caso es que le dijo donde era pero nos quedó el sinsabor de botar la plática para una consulta de 1 minuto, con razón el hospital está tan bonito.

Acá ya si se salió nuestro guía de su zona de confort, porque éramos los tres preguntando como llegar a nuestro nuevo destino y él no sabía que bus coger exactamente. Este bus fue prácticamente un turibus porque pasamos frente varios de los sitios interesantes de la ciudad: La biblioteca, el museo nacional que es blanco y bastante grande y el centro de convenciones, además de los templos aquí y allá.

Conocimos la otra cara de la moneda, en el hospital público todo era bien diferente, un edificio no muy bien iluminado, muchísimos enfermos esperando, medio limpio y todos nos miraban como si no entendieran que podríamos estar haciendo allí. Creo que a la madre Teresa le hubiera gustado ir este hospital a descansar de Calcuta un ratico pero seguir trabajando de una forma similar.

Otra dra sonriente nos atendió en una oficina de vacunación que estaba vacía pero que de todos modos tenía secretaria. Juan entró y al salir hacia donde lo iban a vacunar la dra dice “uds tienen iPhone?” y yo no sé porque dije “yes yes!” como si de eso dependiera que nos atendieran o no, y con cara de preocupación me mostró su iPhone “no sound! no sound!” le pregunté si era cuando la llamaban y al responder afirmativamente vi que el botón de bloqueo estaba en rojo. Jugué un ratico con la configuración y moví el botón “its ok now” le dije y me miró incrédula, le mostré lo que había hecho y la llamé para confirmar “it Works! Thank you thank you!”. Es extraño como con tan poco se puede ayudar a alguien. Asi como ella poniendo una inyección nos resolvió el problema.

Mientras esperaba a Juan la secretaria me dio una postal y me dijo que eran 20 rupias, yo pensé que eran por el servicio y el señor de la casa me dijo “instead of candy” así que le pagué gustoso, apenas Juan salió le mostré “mira lo que nos regalaron, ah y ya pagué por la cita 20 rupias” y riéndose me dice “no pendejo esa es una postal que te vendió, yo también se la compré!” la vieja bien jodida nos la hizo jaja.



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